EL HOMBRE QUE CAMINA ES EL AIRE (Relato de Misterios)
Un relato de
terror, sobre un hombre que ver algo increíble... esta pescado una noche,
cuando ver a un hombre misterioso, que flota a un metro de suelo, mientras una
singular hermosa mujer va tras de el,,,, el hombre flota es el agua y sigue,
mientras ella molesta toma un viejo bote de remos, para poder seguirlo, pero
este se hunde a los pocos segundos de entrar es el agua.... ella lucha por
mantener a flote, el hombre a ver se acerca a ella, para ayudarla, pero ella
sujeta su brazo y lo jala hacia dentro de agua…
Por largos segundos estuvieron bajo el agua, hasta que ambos emergen de
agua. Por algunos segundos, hablan sobre algo… luego se van nadador hacia
la orilla. Esta vez, el hombre no flota, por alguna razón y llegan
juntos a la orilla…
Como están cerca de mi, huyo de ahí, antes de que se den cuenta de mi
presencia… y no supe mas de ellos…
Parte 1:
El hombre que caminaba sobre el agua
Nunca le conté esta historia a nadie.
No porque crea que no me vayan a creer... sino porque temo que alguien
decida volver a ese lago para comprobarla.
Aquella noche era tan oscura que el cielo parecía un abismo. No había
luna. Solo el murmullo del agua, el canto de los insectos y el suave balanceo
de mi pequeña lancha mientras esperaba que algún pez mordiera el anzuelo.
El reloj marcaba poco después de la medianoche cuando ocurrió.
Al principio pensé que era una ilusión causada por la niebla.
A unos doscientos metros de donde me encontraba, una figura avanzaba
lentamente sobre el lago.
No en una lancha.
No nadando.
Caminaba... o mejor dicho, flotaba.
Su cuerpo permanecía aproximadamente a un metro sobre la superficie del
agua. Sus pies jamás la tocaban, y aun así avanzaba en línea recta, silencioso,
como si una fuerza invisible lo sostuviera.
Vestía un largo abrigo oscuro que no era movido por el viento.
Detrás de él apareció una mujer.
Era una de las personas más hermosas que he visto en mi vida, con un
largo cabello que brillaba incluso en aquella oscuridad imposible. Su vestido
blanco parecía antiguo y estaba completamente seco, aunque el rocío cubría todo
el lago.
La expresión de su rostro era de una ira indescriptible.
No dejaba de perseguir al hombre flotante.
Él jamás miró hacia atrás.
Solo seguía avanzando.
La mujer llegó hasta un viejo bote de remos abandonado entre los juncos.
Con evidente desesperación lo empujó al agua, subió de un salto y comenzó a
remar con todas sus fuerzas para alcanzarlo.
Pero apenas habían pasado unos segundos cuando el bote emitió un crujido
espantoso.
La madera se abrió como si hubiera sido cortada desde abajo.
El bote se hundió casi de inmediato.
Ella cayó al agua.
La vi luchar por mantenerse a flote, agitando los brazos mientras el lago
parecía querer tragársela.
Entonces ocurrió algo aún más extraño.
El hombre dejó de avanzar.
Se volvió lentamente hacia ella.
Por primera vez descendió unos centímetros, acercándose hasta quedar
suspendido justo encima del agua.
Después extendió una mano.
Parecía querer ayudarla.
Ella levantó la vista.
Durante un instante pensé que aceptaría la ayuda.
Pero en lugar de sujetarse para salir, aferró con una fuerza brutal el
brazo del extraño...
...y lo arrastró violentamente hacia las profundidades.
El agua explotó en una enorme salpicadura.
Después...
Silencio.
Pasaron largos segundos.
Quizá treinta.
Quizá un minuto entero.
El lago quedó inmóvil.
No había burbujas.
No había gritos.
No había movimiento.
Hasta que ambos emergieron.
Respiraban con normalidad.
No parecían asustados.
Ni siquiera estaban mojados como deberían haber estado.
Flotaban en silencio, uno frente al otro.
No pude escuchar lo que decían.
Movían los labios con calma, como dos viejos conocidos resolviendo una
discusión pendiente desde hacía siglos.
La mujer dejó de parecer furiosa.
El hombre asintió lentamente.
Entonces sucedió el detalle que jamás he podido explicar.
Él ya no flotaba.
Por alguna razón, había perdido aquella capacidad.
Ambos comenzaron a nadar tranquilamente hacia la orilla, como dos
personas completamente normales.
Llegaron juntos a tierra.
Permanecieron inmóviles unos segundos.
Yo me encontraba oculto entre los juncos, demasiado cerca.
Fue entonces cuando comprendí que, si levantaban la vista, me verían.
No esperé para averiguarlo.
Abandoné la caña de pescar, salté de la lancha y corrí sin mirar atrás.
Podía escuchar el agua goteando detrás de mí.
No me atreví a volver la cabeza.
Corrí hasta que llegué al camino principal.
Jamás regresé a ese lago.
Nunca supe quiénes eran.
Ni por qué aquel hombre podía flotar.
Ni qué ocurrió bajo el agua para que dejara de hacerlo.
Solo sé una cosa.
A la mañana siguiente, varios pescadores encontraron mi vieja lancha
todavía anclada en el mismo lugar.
Dentro de ella estaba mi caña de pescar...
Y sobre el asiento de madera había dos charcos.
Uno tenía forma de una huella humana.
El otro parecía la marca de una mano.
Como si dos personas hubieran permanecido allí, observando el sitio
exacto donde yo había estado sentado.
Esperándome.

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