LOS CRÍMENES DE SUPER BIGOTE (NICOLÁS MADURO)
Ejecuciones, secuestros, violaciones y torturas: los
brutales crímenes de Maduro que fueron documentados por la Corte de la Haya y
la ONU
El dictador fue capturado en un operativo
norteamericano en Venezuela. Aquí el detalle de los escalofriantes delitos del
régimen chavista contra los derechos humanos
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El dictador Nicolás Maduro fue capturado en un
operativo de EEUU en Venezuela
El dictador Nicolás Maduro y su
esposa, Cilia Flores, fueron capturados
esta madrugada en el marco de una
operación militar estadounidense en Venezuela. Ambos fueron trasladados
a Nueva York, donde serán juzgados por conspiración para cometer
narcoterrorismo, tráfico internacional de cocaína y posesión de armas de
guerra. En el proceso judicial iniciado en el Distrito Sur de Nueva York,
Maduro es acusado de
liderar una red criminal transnacional identificada
por Estados Unidos como el Cártel de los Soles.
Sin embargo, el régimen de Maduro lleva años siendo
investigado por otros brutales delitos: las escalofriantes violaciones a
los derechos humanos.
Desde 2018, la Corte Penal Internacional
(CPI) mantiene abierta una investigación formal, denominada “Situación
Venezuela I”, por crímenes de lesa humanidad presuntamente cometidos desde
2014. La CPI inició su examen preliminar en febrero de 2018 tras recibir
remisiones de seis países latinoamericanos. En marzo de 2024, la Sala de
Apelaciones confirmó la vigencia de la investigación y rechazó todos los
argumentos del régimen venezolano.
La investigación de la Corte Penal Internacional
documenta crímenes de lesa humanidad y violaciones sistemáticas de derechos en
Venezuela (EFE)
El caso internacional se apoya en informes,
indicios y testimonios que señalan un patrón de represión
sistemática contra opositores y críticos del régimen chavista. Esa
conclusión fue explicitada por la Fiscalía de la CPI. El entonces fiscal
jefe, Karim Khan, sostuvo: “Existe una base razonable para creer que
se han cometido crímenes de lesa humanidad en Venezuela, son graves y exigen
investigación y enjuiciamiento”, y rechazó que el sistema judicial venezolano
tenga capacidad real para juzgarlos.
Las investigaciones reportan persecuciones
políticas, detenciones arbitrarias, torturas y violencia sexual cometidas,
principalmente, por miembros de las fuerzas del Estado y grupos
progubernamentales, con indicios de participación y aprobación de altas
autoridades, de acuerdo con la Fiscalía de la CPI. Según la Fiscalía de la
CPI, “desde al menos abril de 2017 en adelante, miles de opositores fueron
perseguidos por motivos políticos, arrestados y detenidos sin una base
legal adecuada; cientos fueron torturados; y fueron sometidos a formas de
violencia sexual, incluida la violación”.
Khan detalló que las víctimas sufrieron
“palizas, asfixia, casi ahogamientos y descargas eléctricas”, durante períodos
prolongados de detención. Para la Fiscalía, no se trató de hechos
aislados. La investigación concluyó que estos crímenes formaron parte de
“un ataque contra la población civil de conformidad con una política de
Estado”, que fue “como mínimo alentada o aprobada por el Gobierno de Venezuela”
y ejecutada principalmente por fuerzas de seguridad, con apoyo de grupos
progubernamentales.
La cronología judicial evidencia intentos fallidos del
régimen venezolano para bloquear el proceso. En marzo de 2024, la Sala de
Apelaciones de la CPI rechazó definitivamente los seis motivos de apelación
presentados por Caracas, autorizando que la investigación avance y continúe
recabando evidencias y testimonios. En su escrito ante la
CPI, Khan también subrayó que el régimen “no ha demostrado que haya
realizado o esté realizando investigaciones o enjuiciamientos nacionales que
reflejen suficientemente el alcance de la investigación prevista por la Corte”,
desarmando el principal argumento de Caracas para frenar el proceso. Además, la
política de “complementariedad positiva” impulsada por la Fiscalía para mejorar
el sistema judicial local, mediante asistencia técnica y diálogo, fue declarada
agotada a finales de 2025 por falta de cooperación del Estado venezolano.
En diciembre de 2025, la Asamblea Nacional del
régimen intentó evadir a la Justicia internacional y derogó la
adhesión de Venezuela al Estatuto de Roma,
una maniobra que buscaba retirar al país de la jurisdicción de la CPI. Sin
embargo, expertos jurídicos explicaron que los crímenes cometidos hasta el
momento bajo investigación seguirán siendo competencia de la Corte,
independientemente del retiro formal.
De hecho, el el patrón de crímenes documentados es
amplio y está avalado por informes de la Oficina del Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR), Human Rights
Watch, Amnistía Internacional y la misión internacional independiente
de determinación de los hechos de la ONU. Entre las principales conclusiones
destaca la existencia de más de 2.000 detenciones arbitrarias tras las
elecciones de julio de 2024.
También se documenta el uso de tortura por parte de la
Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y el Servicio Bolivariano
de Inteligencia Nacional (SEBIN), que incluyó violencia sexual, palizas,
descargas eléctricas y desapariciones forzadas durante periodos prolongados de
incomunicación, según el Instituto CASLA y la CPI.
El lapidario informe de Bachelet
El informe de Michelle Bachelet para la ONU señala la
responsabilidad estatal en ejecuciones extrajudiciales y violencia sexual
(Reuters)
La causa en la CPI no fue la única pesadilla para el
régimen en los últimos años. Hasta los otrora aliados tuvieron la
capacidad de señalar las violaciones sistemáticas del chavismo. La ex
presidenta chilena y también ex Alta Comisionada Michelle
Bachelet denunció en sus informes para la ONU, publicados desde 2019 y
actualizados anualmente, la persistencia de torturas, abusos y ejecuciones
extrajudiciales, responsabilizando a fuerzas estatales y colectivos
armados asociados al chavismo de la mayoría de las muertes violentas.
“Documentamos numerosas violaciones y abusos de derechos humanos perpetrados
por las fuerzas de seguridad y colectivos armados, incluyendo el uso excesivo
de la fuerza, asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos en
condiciones de detención”, afirmó Bachelet en su último informe ante
la ONU.
El trabajo documentaba las graves condiciones de
detención, la impunidad predominante ante delitos cometidos contra opositores,
el control informativo y la falta de respuesta judicial frente a denuncias de
tortura, violencia sexual y malos tratos. Además, el OHCHR reportó casos
de violencia sexual de género contra mujeres y niñas, con responsabilidad
atribuida a miembros del SEBIN, la DGCIM y la Guardia Nacional Bolivariana
(GNB), y alertó sobre la carencia de instalaciones y personal adecuados para la
vigilancia de mujeres detenidas.
En 2022, la Misión Internacional Independiente de
las Naciones Unidas sobre Venezuela documentó 122 casos de víctimas
sometidas a tortura, violencia sexual y otros tratos crueles, inhumanos o
degradantes por parte de las fuerzas de la dictadura chavista desde 2014. Los
métodos empleados, la creación de centros clandestinos de detención y el
desarrollo de un plan de persecución sistemática contra la oposición del
régimen de Nicolás Maduro evocan prácticas de las dictaduras
latinoamericanas de los años 70.
Marta Valiñas presentó el informe que acusa a las
agencias del régimen chavista
Entre las técnicas identificadas se encuentran
posiciones de tensión, como la denominada “crucifixión”, en la que las
víctimas eran esposadas con los brazos extendidos a tubos o rejillas, y “el
pulpo”, que consistía en un cinturón metálico con cadenas para inmovilizar
muñecas y tobillos. También se registraron casos de asfixia mediante
bolsas de plástico, sustancias químicas o cubos de agua, así como golpes con
palos u objetos contundentes.
Las descargas eléctricas aplicadas en los
genitales u otras zonas del cuerpo formaban parte del repertorio de
torturas, junto con amenazas de muerte o de violencia adicional y amenazas de
violación dirigidas a la víctima o a sus familiares. Además, se forzaba a
las personas a permanecer desnudas en habitaciones a temperaturas
extremadamente bajas y se reportaron casos de encadenamiento prolongado.
“La recurrencia de estas prácticas revela la existencia de un patrón de
represión sistemática”, denunció entonces la Misión de la ONU.
“Nuestras investigaciones y análisis muestran que el
Estado venezolano utiliza los servicios de inteligencia y sus agentes para
reprimir la disidencia en el país. Esto conduce a graves delitos y violaciones
de los derechos humanos, incluidos actos de tortura y violencia sexual”,
explicó Marta Valiñas, entonces presidenta de la Misión.
Un caso emblemático es el reporte
de Provea y el Centro Gumilla de 2023, que documentó 824 muertes
en ejecuciones extrajudiciales cometidas por
fuerzas de seguridad estatales solo en 2022, reflejando la
“institucionalización de la acción deliberada de producir muerte” y la
impunidad sistemática. El ex director de Provea, Rafael Uzcátegui, advirtió
entonces: “Las cifras de ejecuciones extrajudiciales muestran claramente
que la violencia estatal es una herramienta sistemática de control
social”.
Actualmente, la investigación de la CPI sigue
activa. Maduro fue capturado hoy por los EEUU en un operativo sin intervención
de los organismos internacionales cuyo desenlace es aún incierto, pero durante
años la sociedad venezolana ha exigido justicia ante la comunidad
internacional, utilizando los canales legales previstos y reconocidos por el
derecho internacional para proteger a las víctimas de los crímenes
documentados. Las denuncias, presentadas ante organismos multilaterales y
cortes internacionales, reflejan la búsqueda persistente de justicia a través
de vías institucionales, enfrentando la represión y, muchas veces, el silencio
de la comunidad internacional.

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